IRMA

Por Manuel Adolfo Esparza Navarrete IC / PC

Parque Industrial Omega, Ciudad Juárez, tomado de Google Earth.

Si Ustedes, los lectores de esta pieza, hubieran pasado por las experiencias que a mi me han tocado vivir, no se como lo tomarían, este trabajo no es para todo mundo, muchas personas ingresan a escuelas, toman cursos, piensan que trabajarán algún día con casos como los de mis compañeros y míos, déjenme decirles que solo un puñado de afortunados investigadores logra trabajar homicidios, afortunados? Sí, afortunados, porque si bien es cierto conocemos a las personas en el peor día de sus vidas, nosotros hacemos lo imposible y entregamos todo por esas personas que se fueron y ya no van a podernos decir que les sucedió. Puede que les suene interesante, glamoroso incluso, nada más alejado de la realidad, sin embargo, cuando logramos resolver un caso, aunque no hay aplausos, ni cámaras, ni reconocimientos de ningún tipo, es la satisfacción más grande que podemos sentir, y luego, a continuar con el siguiente caso. Ahí dejamos todo, tiempo libre, fiestas, vacaciones, descansos, vida propia, para un verdadero investigador eso es un lujo, quizá una utopía, porque sabe que su deber esta con quienes esperan respuestas de su trabajo, creanme, no hay muchas personas dispuestas a trabajar de esta manera.

Es por ello que cuando leo artículos, notas y veo incluso opiniones o historias de personas efímeras en el puesto, que suelen vanagloriarse del trabajo que no realizaron, que lo tuvieron en sus manos por mera politiquería, me da mucho coraje, esas personas que llegaron al puesto sin saber como investigar, que pasaron sin pena ni gloria por el puesto, se adornan con las historias de mis compañeros, con su trabajo, no digo el mío, porque no soy un super policía, pero esa gente la repudio, porque no sufrió lo que nosotros, en ocasiones ni siquiera estaba presente para esclarecer los casos que manejábamos en medio de la noche, pero eso si, para las cámaras ahí estaban, para tomar el crédito, esa gente que pinta en sus historias una oficina decrépita, casi vacía y carente de todo, cuando lo que estaba en esas condiciones era su conocimiento de la verdadera investigación, esa gente no resolvió nada, esa gente empeoró las cosas y aun deambula por las calles y por los pasillos de algunas oficinas públicas, sin vergüenza.

Me da coraje, de la misma manera que me dio coraje el caso de Irma, una tarde, cuando estábamos a punto de terminar con las labores de la mañana y nos disponíamos a dar seguimiento a los casos de Maria Eugenia, Nena y Celia, recuerdo el llamado, en la parte posterior de un parque industrial habían localizado el cuerpo de IRMA, nos trasladamos de inmediato, al llegar, entre la pared de un canal de concreto y la pared del arroyo dentro del cual fue construido, se observaba el cuerpo, los encargados de su traslado lo sacaron de ese reducido espacio y lo colocaron sobre un montículo de tierra, al examinarlo, nos dimos cuenta que posiblemente había sido agredida sexualmente, su cabeza estaba dentro de una bolsa de supermercado, al removerla, con cuidado para preservar cualquier indicio, nos dimos cuenta que, al parecer, había muerto por sofocación, esto fue confirmado en la necropsia. Lo más impactante para mí, fue que todavía era una niña, además, el cuerpo aun no estaba rígido, tenía un par de horas de haber sido asesinada. Quién pudo haber hecho esto, quien tiene el alma tan obscura para arrebatarle la vida si a una niña, a cualquier persona?

Fue identificada por las personas con quienes vivía, familiares me parece, quienes nos dijeron que debían avisar a su madre, que vivía fuera de la Ciudad. Una de las labores más duras, es dar la noticia del fallecimiento a la familia, todos estábamos muy afectados la verdad, así que decidí que, cuando llegara la familia, esa tarde o al día siguiente, yo les notificaría.

Llego una mujer con su cara desencajada, cabizbaja, débil, sostenida por dos sujetos, apenas me observó. Al ingresar a la oficina les pedí que le permitieran tomar asiento, ella sollozaba, fue un momento terrible, les mostré fotos de Irma, su madre, cayo de rodillas al suelo llorando desesperada y emitiendo un grito ahogado al reconocer a su hija. En ese momento, uno de los sujetos que la acompañaba, malencarado, a todas luces superior a mí en fuerza física, se abalanzó hacia mi, pensé que me iba a golpear, lo esperaba para buscar que el daño fuera mínimo, lo entendía a la vez, sin embargo aquel hombre rudo me abrazo y lloro sin cesar en mi hombro, que difícil es ver como se destroza el alma de otro ser humano con una noticia como esta, frente a tus ojos. En ese momento cometí el peor error que puede cometer un investigador de homicidios, les prometí que encontraríamos al responsable y que pagaría por lo que hizo, eso no debe hacerse, ya que no siempre podemos cumplir esa promesa.

En este caso sí fue posible, en este caso y en los demás pudimos llevar a los responsables tras las rejas, fue un trabajo en equipo, un trabajo de muchas horas, mucho esfuerzo, las medallas no se levan en el pecho, ni se presumen en libros, artículos y diarios, mucho menos si quien lo hace hizo lo mínimo para ganarlas, las verdaderas medallas de un investigador se llevan en la mente, en el corazón y en el alma, nadie las ve, pero las recordamos siempre, ya que significan un asesino más tras las rejas y el descanso del alma de una persona que quizá no conocimos, pero que era la hija de alguien que desde entonces la extraña. Irma era una más de las víctimas de esta serie, que aun continuara…

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